Estoy consciente que hablo de la sediciente “clase media” que ha sido vapuleada en las últimas décadas y que ve esfumarse o por lo menos reducirse sus expectativas de mejoría. El vivir en una época con una inflación controlada, lo cual es magnífico a nivel macroeconómico, garantiza que los aumentos anuales de sueldo serán, por definición raquíticos, ya que cubren sólo los índices básicos. Pero todos sabemos que ciertos bienes y servicios se comportan distinto y, como clase media con “pretensiones” o sueños queremos adquirirlos, aunque después debamos pagarlos con altos intereses.

Ese afán humano de vivir con dignidad y algunos gustos tiene graves repercusiones: No ahorramos o, peor tantito, no invertimos en nuestro futuro. Estamos en el hoy y somos unos consumidores constantes …y crecientes. Le podemos echar la culpa a la publicidad, a la envidia con los vecinos o parientes más ricos o simplemente porque trabajamos mucho y nos lo merecemos. Pretextos sobran, pero la realidad es que nuestro futuro se va deteriorando hasta que ya no hay nada que hacer.

Las crisis constantes no han ayudado más que a empobrecer aún más nuestro futuro, ya que algún día tendremos que dejar de producir y recibir ingresos de la empresa o institución, vía sueldos y tal vez ciertas prestaciones que se acabarán. Posiblemente algunos accionistas de negocios de familia continúen recibiendo dividendos y otras compensaciones pero no hay ninguna garantía que estos serán para siempre, incluso sin que hubieran recesiones o crisis globales. El bono demográfico se vuelve catastrófico: Un negocio familiar NO PUEDE MANTENER indefinidamente a varias generaciones, porque simplemente no alcanza. Muchos herederos confían que les va a caer el mismo ingreso de la empresa que heredaron y esta es una falacia muy peligrosa.

¿Quieren más?

Desgraciadamente, los empleos de por vida en empresas públicas o grandes corporaciones ya no existen y las grandes jubilaciones que se otorgaban a ejecutivos y funcionarios hasta que murieran ellos y sus cónyuges son cada vez menores. Las pensiones están en peligro en todo el mundo, como lo pueden ver en las noticias.

Los excesivos horarios de trabajo que antes podían ser arbitrarios y formas de explotación laboral se han reducido. En Francia son de 34 horas, pero la tendencia es que las horas de ocio no se ocupan ya para instruirse o descansar sino para buscar otras chambas y así complementar su sueldo y las necesidades que ellos mismos se impusieron para lograr ser miembros de la clase media. Eso sucede en México o sino pregúntenles a los maestros, disidentes o no, y cómo complementan sus ingresos.

El mundo, salvo raras excepciones como los países escandinavos y otros está ahorrando cada vez menos per cápita y se está metiendo en una turbulencia que, sin llegar a ser catastrófica (creo yo), va a dar al traste con el “sueño americano en Estados Unidos, o con el boom de la posguerra en México.

Continuará

Salo Grabinsky

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