Aclaro que no soy sociólogo, pero si me interesan mucho los cambios que se están generando en el mundo, dada mi deformación profesional sobre los emprendedores y los negocios familiares. En mis conferencias suelo plantear a las estructuras familiares, como lo definen mis amigas antropólogas Larisa Adler y Marisol Pérez Lizaur en su libro sobre grupos familiares. Ellas ven a las estructuras familiares tanto de tres como dos generaciones con características básicas. En especial las de dos generaciones tendían, como es el caso en Estados Unidos principalmente a ser funcionales entre 15 y 25 años ya que los hijos salían del seno familiar a estudiar, vivir alejados de éste…y no regresaban a la casa al terminar su carrera.

Pues hay un fenómeno inédito sucediendo en ese país que nos afecta a nosotros también: Resulta que por la crisis financiera del año 2008 se perdieron millones de empleos y no se crearon nuevos hasta la fecha. Los jóvenes entre 18 y 30 años que lograron terminar sus licenciaturas o posgrados se encontraron con que no tenían prospectos de trabajo y además carecían de experiencia. Sin recursos o con empleos de sueldos bajos, amén de fuertes adeudos por préstamos para acabar sus estudios, la tendencia se ha revertido. La tercera parte de esos jóvenes están actualmente de regreso a su casa paterna y este fenómeno no tiene visos de amainar.

Ustedes se pueden imaginar la turbulencia que este fenómeno causa en los padres que, por fin, salieron de la carga de mantener, alimentar y pagar parte o todos los gastos educativos de sus hijos. Están listos a disfrutar su vida, viajar y tener ciertos lujos. Incluso piensan retirarse a vivir en zonas más calurosas. Las reacciones, según un reportaje del Washington Post han sido tanto negativas como del genuino gusto de tener de regreso en casa a los chamacos, pero el cambio es dramático. Los jóvenes se dan cuenta que para casarse, tener hijos o vivir con su pareja o amigos hay un gran inconveniente: No tienen dinero suficiente, aunque haya dos ingresos y se van a lo seguro, a casa para que los mantengan y puedan ahorrar, casándose mucho después, o ya no.

En México seguimos siendo conservadores, ya que casi todas las mujeres y una mayoría de los hombres solteros siguen viviendo en casa de sus padres. Pero es un hecho que los hijos están más cautelosos en entrar a compromisos emocionales y económicos con matrimonios y el poder mantener a su descendencia. En los emprendedores(as) es todo un dilema ya que el esfuerzo de empezar un proyecto, financiarlo con sus ahorros y trabajar mucho para sacarlo adelante no compagina con tener familia…por ahora. En el caso de las empresas familiares, el tema de la sucesión a futuro se complica cuando hay muchos “ratoncitos(as)” herederos sin empleo y muy poco “queso” en empresas que no crecen. Es un fenómeno interesante y profundo

Salo Grabinsky

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