La estructura para formalizar, dictar políticas y controles que sirvan para profesionalizar un negocio de estructura familiar, es, sin duda, el Consejo de Administración. Al servir como un contrapeso razonado a las decisiones unilaterales del dueño-fundador, le está ayudando a que el rumbo del negocio esté mejor planeado, evitando en lo posible errores y controlando la salud financiera y general de la empresa.

Ha sido difícil convencer a los emprendedores, sobre todo si son exitosos, de que compartan el poder con miembros capacitados de su familia, asesores externos y expertos especialistas, pero la realidad de la era crítica en la que vivimos, aunada al objetivo principal de continuidad del negocio a través del tiempo son factores que deben ser tomados en cuenta. No existe la inmortalidad ni sabemos resolver todos los asuntos que se nos presentan, así que, con una buena dosis de modestia y humildad, empecemos a organizarnos desde ahora mediante reglas y un Consejo eficiente y EJECUTIVO.

Hay un cambio importante sobre mis artículos sobre Consejos de Administración del pasado. Al ver la serie de acontecimientos que están sucediendo, uno tras otro en el entorno y en el negocio, quiero sugerir darle más poder a dicho Consejo para que no sólo dicte políticas de dirección, sino que, en casos especiales, se convierta en un Consejo Ejecutivo con capacidad de interferir en la operación, si ésta se encuentra estancada o en crisis.

Últimamente he visto que en las juntas de Consejo a las que asisto se ha modificado el nombramiento de presidente EJECUTIVO del Consejo. Este puesto, junto con el de director general, y en mancuerna, supervisan constantemente las operaciones críticas (ventas, liquidez, financiamiento, inversiones y amenazas externas que puedan causar problemas a la empresa).

Su actuación coordinada e inmediata, aceptada por el Consejo y los accionistas, puede reducir los peligros y la inestabilidad prevaleciente actualmente.

Toda proporción guardada, en caso de un conflicto bélico potencial, una catástrofe natural o un vacío de poder en la dirección de la operación es usual para que el gobernante en turno asuma poderes especiales para lidiar con el problema, incluso declarando el estado de excepción temporal. El futuro del negocio y el patrimonio están en riesgo y una empresa familiar no es una democracia, así que hay tomar las riendas.

Quiero aclarar que esta función de presidente (o consejero, en su caso) ejecutivo debe estar acorde con el periodo especial por el que pasa el país o el negocio y debe cumplir su único objetivo de estabilizar la situación. Por ningún motivo debe alargarse, ya que ésta se deforma a una dictadura o manejo patriarcales que, por lógica, van a terminar algún día, llevándose en el camino el negocio y el patrimonio. En el caso de Winston Churchill en la II Guerra Mundial, él recibió un poder absoluto por ese periodo. Al terminar el conflicto, sir Winston fue relevado abruptamente del poder y así debe ser.

Salo Grabinsky

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