En siglos pasados, las potencias coloniales tuvieron cruentas guerras de expansión de territorios, el robo descarado de los recursos materiales de las regiones invadidas e incluso la esclavitud de millones de personas cuyos efectos siguen vigentes en muchas partes (discriminación, racismo y fundamentalismos guerreros que quieren volver al califato medieval). Pero otro aspecto vital en estas etapas expansionistas fue el comercio. Al abrirse el enorme mercado de América Latina, España y Portugal acapararon todas las riquezas provenientes de sus colonias y prohibieron el desarrollo de comercios y pequeñas industrias para que fueran los peninsulares los que vendieran a precios exorbitantes productos a sus vasallos.

Lo mismo sucedió con Gran Bretaña, Holanda y Bélgica con sus colonias y al ir creciendo la competencia entre estos países y sus consorcios se hizo prioritario el que buscaran pacífica o por actos ilegales y violentos abrir nuevos mercados. Por ejemplo la guerra del opio en China o forzar el comercio con el imperio japonés.

Esta mini-clase de historia es necesaria cuando nos enfrentamos, de nuevo, a iluminados de todo tipo que promueven la cerrazón de fronteras el alto proteccionismo y otras promesas de limitar el libre flujo de productos, personas e ideas en este mundo tan cambiante.

Se imaginan cómo se cimbrarían los mercados de divisas y las instituciones financieras mundiales cuando países con grandes reservas en dólares las cambiaran abruptamente al oro, plata o platino? Al debilitarse el dólar habría fluctuaciones, posibles quiebras de países que no pueden soportar las deudas y un descalabro mundial que podría devenir en otra depresión. No exagero, ya que en 2008 el orbe estuvo muy cerca de caer en esto y tanto las tesorerías de Estados Unidos, otros países y el Fondo Monetario actuaron para reducir el tremendo golpe. Esto puede pasar, pero ahora a resultas de guerras comerciales y proteccionismo absurdo.

Otra joya de la Comunidad Europea que es el libre tránsito de sus ciudadanos sin pasar fronteras, se está debilitando por causas, como la guerra y pobreza en Medio Oriente y Africa. Salen a relucir fobias y extremistas que aturden a la población. Ya los ingleses amenazaron con salirse y hay mucho ruido en Bruselas.

Es lógico que se deben regularizar situaciones como los flujos migratorios tanto allá como en nuestras dos fronteras, la del Sur y con Estados Unidos, pero debe imperar el sentido común y el pragmatismo, así como generar empleos con desarrollo y sobre todo, pacificar regiones en guerra mortal. No es fácil, pero la alternativa es mucho peor.

Amigos lectores, cuando oigan soluciones simplistas, radicales de cualquier “líder” les ruego que utilicen la razón para ver los pros y contras de estas recetas mágicas y, si no tienen un sustento válido las desechen y, sobre todo, no avalen con su voto o con su silencio y apatía a que lleguen a hacerse realidad. Las guerras mundiales del siglo pasado se basaron en expansionismo, crisis económicas e incitación al odio.

Salo Grabinsky

gzsalo@gmail.com

irma.direccion@hotmail.com

Teléfonos: (55) 52-94-84-07 y (55) 52-94-86-33