Cuando un emprendedor (a) empieza un proyecto hay dos situaciones muy importantes:

1.- La primera etapa la llamo la “época heroica” donde, con poca experiencia o información real sobre su mercado, tiene que luchar para sobrevivir. El reto es enorme y posiblemente quiera tirar la toalla en muchas ocasiones dadas las exigencias y problemas a que se enfrenta. No se preocupen amigos emprendedores, la naturaleza es muy sabia y los organismos vivos, como las empresas recién formadas o se adaptan al medio ambiente y sobreviven o… a otra cosa.

2.- Lo más importante de esa época es que los individuos se ven forzados a tomar una serie de decisiones, muchas operativas menores, que se vuelven repetitivas (ajustar máquinas, ver medidas, temperatura, fijar lotes, etcétera), pero otras son totalmente inesperadas, cuya resolución a ese problema hace que la decisión a tomar tenga amplias repercusiones.

El punto importante es que se aprende, a fuerzas, a decidir el destino de la empresa y, de lo acertada que sea, depende todo el proyecto.

Todos los que hemos creado negocios y los hicimos crecer sabemos cuáles fueron nuestras decisiones clave, las correctas y los errores, pero si el promedio de aciertos es mayor a las fallas seguiremos vivos.

Regresando a nuestro tema actual de empresas en épocas críticas, tenemos que, dados los confusos y a veces contrapuestos informes (chismes, rumores, sesudos análisis de expertos, etcétera) con los que somos literalmente arrasados diariamente, el definir un campo de acción y decidir por éste se vuelve un ejercicio difícil. ¿ Subir los precios en prevención de un alza por la devaluación y su efecto y probablemente perder clientes a la competencia, o esperarse a que otros lo hagan y perder utilidades brutas? ¿Pedir préstamos para nuevos equipos con un panorama incierto de demanda y oferta?

En fin, el mundo no se acaba pero sí estamos a ciegas preparándonos para escenarios desconocidos y a los que debemos hacer frente. Por cierto, quedarse pasmado y no hacer nada es, en sí, tomar una decisión clave.

Les aseguro que en épocas críticas se debe ser totalmente flexible, estar preparado para cambios súbitos y continuos del entorno económico, sociopolítico y de otras regiones que nos afectan directamente. Información seria y de fuentes confiables, puesta rápidamente en una tabla comparativa ayuda (y esto debe ser muy ágil). Juntas cortas, efectivas, son indispensables para operar y si existe un Consejo efectivo, no va a ser extraño citar a periodos extraordinarios de éste y su ágil dictado de políticas para ser implementadas.

Finalmente, es muy conveniente buscar el consenso para que la decisión sea responsabilidad de todos o una mayoría, pero les recuerdo que la empresa familiar no es una organización democrática y si hay que decidir algo importante y no hay acuerdo, el presidente del Consejo, director o simplemente el dueño (a) lo debe hacer, ejerciendo su liderazgo. No hay de otra.

Gracias a todos los asistentes a la presentación del libro “Las Empresas Familiares Modernas”, en Minería.

Salo Grabinsky

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