Ya están por terminar las vacaciones escolares para primaria y secundaria, aunque ya hay clases en otras instancias y, por primera vez en muchos años, los estados del sur no experimentaron la calma del asueto sino se incrementaron los bloqueos y manifestaciones de la CNTE y otros que dejaron paralizadas muchas actividades, distribución de alimentos, medicinas y energéticos. La actividad turística en estados como Oaxaca y Chiapas se desplomó.

El gobierno federal empezó un connato de reconciliación y comunicación con los desafectos, pero hasta la fecha los más radicales no han cedido ni un ápice.

Tuve conversaciones con amigos empresarios en varios estados del sur y su preocupación y estado de ánimo son notoriamente bajos aunque con ciertas esperanzas de mejoría y arreglo.

Me platican de bloqueos en carreteras, de “petición amable” de una cuota para el movimiento a cambio de dejarlos pasar a su destino, aunque si declinan hacerlo les va mal a ellos y sus vehículos. No se puede repartir mercancía, recibir insumos, cobrar o simplemente ir a visitar clientes por el riesgo de quedar varados .

El gobierno federal y algunos estados están, a juicio de muchos pequeños comerciantes y emprendedores, siendo muy blandos, por temor a crear mártires y violencia innecesarias, pero están cayendo en un ciclo vicioso que se empantana más cada día.

Hay indicios de que el fondo del problema radica en que no se desea un arreglo sino seguir con este para radicalizarlo, lo que conviene a grupos de filiaciones extremistas. Mientras más sufra la mayoría de la población, hay más posibilidades de desestabilizar.

Sigo pensando que la llamada reforma educativa planteada es un paso correcto para mejorar, tanto a los alumnos de más bajos recursos como a los docentes serios que merecen estímulos. Hay muchas imperfecciones y posibles cambios pero la esencia es correcta: Buenas instalaciones, niños saludables y con buena nutrición, maestros preparados y capacitados permanentemente y recursos adecuados para todo esto, sin corrupción o arreglos ilegales. Hay organizaciones que dicen estar de acuerdo con estos principios, pero que por décadas han gozado de prebendas y corruptelas y se resisten a cambiar.

Los empresarios han estado cada vez más preocupados por estos movimientos y están en su derecho ´para pedir la protección legal de nuestras autoridades, con amparos y demandas penales. Muchos de ellos ya no aguantan la carga de estos problemas y pueden empezar a cerrar, despedir empleados y empobrecer al erario. Los grandes negocios van a tener pérdidas y robos de transporte y mercancía pero pueden aguantar pero, ¿la población en general?

En unos días se regresa a clases y a negociaciones interminables que son , hasta ahora, letra muerta al salir de las oficinas federales. Lo adecuado es llegar a acuerdos y acordarse de toda la población y no sólo de los manifestantes. Todos merecen ser oídos y que se resuelvan sus problemas que son muchos. En México merecemos calma y no zozobra y empobrecimiento por actos irresponsables.

Salo Grabinsky

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