Todo el mundo está empezando el quehacer y la rutina del nuevo año, pese a la resistencia normal a dejar atrás el grato periodo de asueto, pero no hay de otra.

Este mes de enero se caracteriza por el tratar de ponerse al corriente tanto con el trabajo como con las deudas que hay que pagar por nuestra holganza. Este fenómeno lo llamamos la “cuesta” de enero y, si nos va bien, se normaliza en un par de meses.

Sin embargo, este 2018 presenta unas características diferentes a otros años y me atrevo a, llamarlo la cuesta crítica anual. Me explico:

  1. Inflación.- A pesar de los pronunciamientos de Banxico de que ya iría en descenso la inflación, soy muy escéptico. La liberación de la gasolina no ha resultado en un descenso por la competencia y hay que esperar a que en verdad se dé. Los aumentos de tasa de interés en vigor no paran para fomentar la inversión y los vaivenes de la tasa de cambio del dólar, ante las presiones internas y del exterior lo complican más. Va a seguir encareciendo todo y aunque controlada parcialmente, va a subir un poco este año. Ojalá me equivoque.
  2. Situación en EU y su gobierno.- Son tan confusas las declaraciones, respuestas, tweets y decretos que emanan de la presidencia y las otras ramas del gobierno federal, y el entorno al que se dirigen, que yo no sé a qué tirarle. ¿El TLC se modifica, se termina o nos salimos nosotros por ser inadmisible para nuestros intereses? ¿Nos basamos en la organización mundial de comercio y su burocracia para resolver denuncias que pueden durar años o décadas?
  3. Migración.- Otro crucigrama a resolver. ¿Cuál es la verdadera intención de Trump ante los recientes bandazos? ¿Qué piensan los republicanos y otros segmentos ultra conservadores de una potencial amnistía a los dreamers, salvadoreños, etc.?

Y una cuestión básica: La economía de ese país está creciendo muy bien, hay pleno empleo, Walmart subió el sueldo básico a sus millones de empleados, junto con otras grandes empresas y ya se siente una escasez de personal en varios giros y sectores básicos como servicios, agricultura etc. ¿De dónde van a salir los trabajadores ante esa creciente demanda? Es pregunta.

  1. Y finalmente (para este artículo), nuestras cada vez más reñidas elecciones generales, llenas de golpes bajos, altísimo dispendio y búsqueda de huesos, pero que esta vez si se juega un dilema al futuro. Hay mucho escéptico, pero hay que saber elegir y por supuesto, ir a votar.

No hablo más para no deprimirlos, pero hay cuesta anual para rato.

¿Qué hacer? Pues como siempre, subirla con cuidado y planes austeros pero flexibles.

¡Suerte!

Salo Grabinsky

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