Desde hace tres décadas me he dedicado a apoyar a los pequeños y medianos negocios de estructura familiar de diversas formas. He viajado constantemente en el país y otras regiones en mi trabajo y puedo constatar los cambios revolucionarios que han experimentado estas instituciones, su forma de operar y el entorno en que actúan.

A finales de los ochenta se inició la apertura comercial de México, como antecedente a los pactos y tratados de libre comercio que vendrían después y hasta la fecha. Hubo víctimas que no pudieron adaptarse y manejar sus negocios y las nuevas tecnologías correctamente, pero se abrió un nuevo horizonte que continúa hasta la fecha.

También empezó MÉXICO a sufrir un fenómeno preocupante y endémico en la actualidad con una hola de delincuencia, inseguridad y violencia sin precedentes desde la época revolucionaria. La inseguridad ha crecido sin freno y además de la zozobra en muchas comunidades y sus habitantes, cambió radicalmente la forma de trabajo de millones de negocios. El costo de prevención y protección tanto personal como de bienes es equiparable al mayor de los impuestos que pagamos los contribuyentes. Este problema cuyas causas son múltiples no tiene visos de parar y las épocas críticas que estamos viviendo no nos permiten ser optimistas.

No soy fatalista, pero visitando a mis asesorados y participantes en seminarios me enfrento a casos cada vez más notorios de tragedias por secuestros, extorsiones, derecho de piso así como robo de mercancía, vehículos, entre otros. Si de por sí la competencia interna y del exterior es cada vez más fuerte y el comercio en línea crece , la familia dueña de un negocio de este tipo tiene que luchar en muchos frentes y estar atenta a los sucesos internos y en su ambiente de trabajo y doméstico para protegerse.

Una cualidad básica inherente a los emprendedores es el hábito de la adaptabilidad a los cambios sin precedentes que se aparecen en su trabajo y tomar medidas preventivas y, en ciertos casos, aprovechar las oportunidades nuevas que se presentan de estos males.

Han crecido exponencialmente las empresas de seguridad personal, los gimnasios de artes marciales, los aditamentos para guardar objetos valiosos en todas partes y multitud de tecnología de protección y aseguramiento de personas y servicio. Esto es, claramente insuficiente y encarece la operación y nuestra vida personal.

Desgraciadamente no hay soluciones fáciles ni a corto plazo, pero debemos evitar las promesas populistas sin fundamento y la paranoia. El sentido común, decisiones claras de protección y planes flexibles aminoran el peligro, pero no se va a terminar pronto. Unirse con la familia, amigos, empleados y la comunidad, así como mantener contacto con autoridades eficaces y honestas, ayuda.

México es catalogado como uno de los países donde imperan los actos de corrupción a todos los niveles y, desgraciadamente seguimos empeorando. Condonamos las pequeñas dádivas a agentes de tránsito, burócratas y otras personas que nos ahorran tiempos y vemos cada vez más extendidos los desfalcos y fraudes en muchas instituciones, tanto públicas como privadas. Nos quejamos de los Ladrones del gobierno en curso, pero seguimos siendo apáticos y envidiamos al funcionario huido con millones o al delincuente que estafó a ilusos. Lo malo es que es costosa esa actitud y se replica en nuestros familiares y empleados. Se necesita regresar a las raíces de nuestros antepasados y emular su código de valores y conducta.

Salo Grabinsky

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