Para nadie es extraño el papel preponderante que encarnan las familias en nuestra comunidad. Su influencia en mantener la unidad y armonía dentro de los hogares es solo una parte de su labor. Pero en un mundo convulsionado, sujeto a presiones y tensiones cada vez más aceleradas y profundas es uno de los pocos elementos estabilizadores que nos permiten sobrevivir y avanzar.

En este nuevo ciclo, la constante es la incertidumbre, el descontento hacia las autoridades que nos guían, las fuerzas del orden y el grado extremo de impunidad, corrupción desatada a todos los niveles y que atizan redes sociales y desinformación con fines obscuros. La situación económica se complica, la política está sin un rumbo determinado y claro, los rumores abundan y el ambiente de apatía de la población a todos los niveles se profundiza.

Esta serie que irá saliendo a través del año, con su anuencia, trata de una época CRÍTICA, no de una simple crisis como las que hemos vivido en el pasado, ya que, de su ANÁLISIS y toma de posición por parte de cientos de miles de empresarios y grupos familiares depende nuestro futuro y el de nuestra gente.

 No pienso predecir escenarios a corto plazo sino más bien buscar, dentro de los negocios de estructura familiar y sus propietarios, ejecutivos, empleados, tareas relacionadas, puntos para reflexionar y actuar consecuentemente. Espero, como siempre serles útil además de ser un ejercicio imparcial y de buena fe. Se aceptan todo tipo de comentarios que constructivamente, sirvan para salir de este atolladero. Comenzamos:

La esencia.- Una empresa manejada por una familia(s) dueña es un ente distinto a un simple negocio lucrativo. El fin es, claro está, el obtener rendimientos monetarios, pero lo es también el de sobrevivir, ser un sueño del fundador(es) que pueda transmitir a sus seres queridos y que, con frecuencia, es motivo de orgullo, arraigo y continuidad dentro de la comunidad, región o países donde operan.

Un error frecuente es el de aislar la parte emocional y psicológica que impulsa al dueño y a su familia a operar ese negocio, hacer sacrificios de tiempo, salud e incluso económicos con tal de sobrevivir y no tirar la toalla. El negocio es, para bien o para mal, parte integral de la vida familiar, causa de algunas gratificaciones y de una serie de controversias, conflictos y en ciertos casos guerras familiares que terminan con el cierre De la Fuente de ingresos, pugnas y división familiares.

La empresa familiar tiene su “vida propia”, es dinámica y está sujeta a los vientos y tempestades de los ciclos económicos, los conflictos y crisis sociales, elecciones y sus resultados y definitivamente a las decisiones y políticas de regiones y países con los que estamos estrechamente ligados. El ejemplo de Estados Unidos, China y otros países es notorio y nos afecta ya.

La empresa familiar tiene un objetivo y visión a largo plazo, buscando su continuidad generacional, pero esa definición está siendo golpeada por el aceleramiento de fenómenos externos, debilitamiento de economías, recesión y ,cosa terrible, por planteamientos demagógicos, racistas y contra propuestas populistas o militares. No hay que bajar la guardia.

En esta época crítica, las familias que se comunican bien, tienen una base común de valores y se reúnen frecuentemente para hacer planes y adaptarse a estos vaivenes cada vez más peligrosos, lograran su objetivo. Estoy seguro que se puede, pero hay mucho trabajo por hacer.

Salo Grabinsky

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