Siguiendo el tema de las narrativas de empresa familiar, nos apasiona conocer la vida y obra de personajes célebres o líderes para sacar ciertas enseñanzas, e incluso para conocer su personalidad y estamos constantemente leyendo publicaciones y libros al respecto. Confieso ser un amante de las biografías, ya que desde pequeño mis padres me regalaron libros como “cuando los grandes músicos eran niños”, entre varios otros. Las vivencias infantiles son muchas veces definitivas para el desarrollo de la madurez, con efectos diversos desde la genialidad hasta la peor de las miserias.

Existe mucha literatura de seres fuera de serie que cambiaron el mundo. Forzosamente el escritor le adiciona juicios de valor, opiniones o su óptica personal al personaje, por lo cual ese mismo hombre o mujer es alabado o enjuiciado según los prejuicios y valores del que lo describe y eso es normal.

Sin embargo, una buena narrativa debe cuidar ser lo más objetiva posible incluyendo tanto los logros y deseos del emprendedor(a) en cuestión como sus debilidades o fracasos más notorios. Ningún ser humano es perfecto y si el escritor lo idealiza está creando una visión poco creíble y, por lo tanto, deformada de esa persona, perdiendo su valor. Es lo típico de la propaganda de muchos dictadores y otros políticos que compran o dictan su vida para adquirir fama y poder. Lo básico es que los lectores razonablemente inteligentes detectan que es un folletín publicitario y no una biografía.

Entre las biografías de hombres notables en el campo de los negocios y la tecnología, destacan ejemplos como Steve Jobs, que además de ser genial en su visión del mercado, era un ser humano bastante desagradable al que sus subalternos y exsocios temían o incluso despreciaban. Son varias caras de una misma moneda y eso no le quita el mérito de ser el emprendedor del siglo, a mi juicio. También están los Watson, padre e hijo de la empresa IBM que, en su relación personal, traían una tensión que desembocó en una sucesión traumática y una nueva era para la empresa. La historia de don Lorenzo Servitje, de Silvia Cherem, nos describe a un hombre visionario que creó un imperio, pero que su rigidez y estilo conservador fueron cambiando con los años y supo manejar una sucesión y legado moral importantes.

Creo firmemente que no se necesita ser un genio fuera de serie para que le escriban su biografía y la publiquen. No lo consideraría un”viaje de ego” para presumir y ser arrogante. Si un emprendedor exitoso tiene en su haber el generar riqueza y contribuir a la comunidad hay que describir su vida, logros y algunos fracasos para que otros conozcan y tomen lo positivo para emular su ejemplo, empezando por sus herederos y demás familiares y subalternos. En muchas empresas de familia que conozco hay historias fascinantes que deben ser escritas de acuerdo con los deseos de la familia. Tienen mucho fondo y son casos que se pueden replicar.

Salo Grabinsky

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