Los emprendedores tradicionales fueron la base del “milagro mexicano” a partir de la posguerra y que terminó abruptamente en la década de los setenta con crisis sucesivas que se han dado a fines del siglo XX hasta la fecha. Eran hombres en su mayoría, muy trabajadores, tenaces y obsesivos, con poca preparación formal pero una visión que, en la atmósfera imperante de crecimiento y salud financiera del país de esa época les permitió crear grandes emporios vigentes en su mayoría a la fecha. Muchos descendientes los siguen manejando, con otra perspectiva. Ustedes conocen los nombres de varios de estos fundadores. También sucedió que al ser exitosos se les desarrolló una arrogancia excesiva y en algunos casos, ésta derivó en decisiones catastróficas y en su ruina.

He conocido cientos de emprendedores patriarcales en mi vida profesional y, en verdad, son personas admirables que han creado decenas de miles de empleos y han contribuido a la economía de sus comunidades y del país. Entre otras cosas, admiro su vida austera, sin lujos innecesarios además de sus profundas convicciones personales y su código de conducta. También es preciso decirlo, cometieron grandes errores al no inculcar en sus hijos y otros familiares los valores de trabajo y dedicación necesarios para seguir su obra y también su estilo dictatorial y rigidez destruyeron lazos familiares y por ende a sus empresas y patrimonio. Mi frase modificada “Padre comerciante, hijo caballero, NIETO RENTISTA, bisnieto pordiosero” es cada vez más vigente para desgracia de muchas comunidades, lo cual es muy triste… y peligroso.

Viendo los últimos acontecimientos en el país y con el presidente del vecino del norte, me encuentro con placer al constatar que los jóvenes mexicanos de todas las clases se unieron para apoyar a las comunidades en desgracia por los sismos. Los famosos Millenials salieron por millares y demostraron que son, sobre todo, gente sensible al dolor y eso nos reconforta inmensamente.

Por otro lado, los recientes despidos de altos funcionarios estadounidenses por abusos en viajes de jets privados y por contrariar al “CEO supremo“ y presidente del país más poderoso del mundo, muestra la actitud de los emprendedores patriarcas de antaño donde no se admitía abusos por subalternos y jefecillos altaneros y el patrón simplemente les decía “You are fired” y a otra cosa.

Este atributo de los patriarcas familiares de antaño de exigir austeridad y controlar actitudes arbitrarias de funcionarios arrogantes y caciques debería ser retomado para evitar gobernadores ladrones y servidores públicos (y ejecutivos privados) inmorales. Únicamente por esta vez aplaudo al señor Trump y su actitud patriarcal.

 Volviendo a los patriarcas tradicionales, una virtud que hay que retomar y aplicar a las nuevas generaciones en las empresas familiares es de una visión de ética de trabajo, pero adecuada al medio ambiente, a la tecnología que facilite la toma de decisiones y, sobre todo, saber balancear la vida empresarial con la atención a la familia y a la comunidad.

Estoy seguro que sí se puede.

Salo Grabinsky

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