No sólo los hombres y mujeres en muchos países tienen problemas mentales y son víctimas de fundamentalistas y fanáticos para efectuar actos de violencia como los atentados que venimos sufriendo en los últimos años. También hay gobiernos o partidos políticos que de manera irracional fomentan el caos. En un artículo reciente de la prestigiada revista “The Atlantic, el autor habla del “síndrome del caos” como una enfermedad que afecta a muchas naciones en su actuar y gobernar. Este autor pone como ejemplo el de su país, Estados Unidos, donde el encono entre los poderes ejecutivo y legislativo se traduce en un bloqueo sistemático a iniciativas de ambas partes. Si el presidente en turno manda una iniciativa de ley o un presupuesto a su Congreso, es casi seguro que los legisladores opositores lo bloqueen y creen un ambiente de confrontación no antes visto, donde campean actitudes partidistas. En España llevan varios meses sin ponerse de acuerdo para formar un gobierno de coalición y parece que su idea es seguir teniendo elecciones cada seis meses sin llegar a nada, por no decir los movimientos de secesión o independentistas catalanes. Los ingleses votaron por salirse de la Unión Europea y unos días después un porcentaje alto no sabía de qué se trataba el BREXIT. Van a tener fuertes problemas (y deterioro a los países de esa zona y sus habitantes). Para qué hablar de Venezuela, en pleno caos, de Siria, Corea del Norte y otras regiones donde no se entiende lo que pretenden sus dirigentes (excepto mantenerse a como de lugar en el poder).

Esta dolencia nos aqueja a todos y México no es la excepción. Movimientos extraños y manifestaciones que afectan a los ciudadanos y a la distribución de productos y servicios básicos, desvirtúan a las posibles causas justas que pudieran tener. Suenan más a provocaciones, anarquía y, de nuevo, un caos planeado perfectamente para provocar la reacción violenta por parte del estado. No es sano para nadie que este fenómeno continúe ya que afectará a los más débiles primero y a los estudiantes de estados con altos índices de marginación.

El caos como táctica electoral se está viviendo en diversos países con la aparición de líderes simplistas, autoritarios que, con frases lapidarias incendian a los ya inseguros e insatisfechos ciudadanos incitándolos a que se radicalicen. No importa si estas promesas no tienen una base real y mucho menos que puedan ser cumplidas, las mentiras dichas muchas veces (como dijo el ministro nazi Goebbels ) se convertirán en verdades.

La población global ha cambiado radicalmente sus fuentes de información y cree más en los chismes, twitters y otros esquemas instantáneos de noticias aunque éstas no sean verídicas que en las fuentes tradicionales que (suponemos) son más balanceadas y objetivas.

Fomentar esta enfermedad del caos es un movimiento peligroso para la estabilidad y desarrollo mundiales, ya que cualquier chispa puede provocar un incendio terrible. Reflexionemos.

Salo Grabinsky

gzsalo@gmail.com

irma.direccion@hotmail.com

Teléfonos: (55) 52-94-84-07 y (55) 52-94-86-33